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LUCRECIO: De Rerum Natura


Ni por más que alarguemos nuestra vida
algún tiempo robamos a la muerte;
sus víctimas seremos sin remedio;
si la revolución de muchos siglos
fuese posible ver, eterna muerte
no por eso dejara de aguardarnos;
y aquel que acaba de cubrir la tierra
no estará muerto ya por menos tiempo
que el otro que murió mil años antes.

LUCRECIO (98-55 AC) DE RERUM NATURA

Antigua ciudad de Petra

NOTAS DEL NAUFRAGIO

Veo las fotos de mi padre y veo un desconocido. A veces, un ser tan cercano suele ser un desconocido, como si se borrara suavemente dándonos las gracias. Aún no me conozco, profundamente no sé quien soy, a veces me siento un refugiado de guerra; por lo tanto, cómo puedo saber quién fue mi padre: una calle de San Fernando, el olor de las bombas en la plaza de junio de 1955, un brazo fornido en algún lugar de Mendoza, alquitranes, voces en algún atardecer incandescente y cobrizo. Un vaso de vino, asado, una gorra para el sol, una tarde de inundación, mucha agua, mucha agua en la vida nuestra, en nuestra relación, agua que desapareció, que corrió obedeciendo al mandato natural de Heráclito. Y también la muerte, el rostro envejecido siendo afeitado una y otra vez, recibiendo mis caricias. La renuncia. El fin.
-      Llevame muerte de mierda. No quiero sufrir más
Ráfagas de terror. Eso es estar. Fotos pegadas a la viscosidad de la memoria. Amenazas.
-      Vive, mañana, no estarás.
-      ¿Y todo lo hecho?
-      De nada sirve.
-      ¿Dust in the wind?
-      Dust in the wind.

EL TIEMPO Y LOS HOMBRES


En la frase del Tiempo, los hombres se insertan a modo de comas, mientras que, para detenerla, tú te has inmovilizado como un punto.

Emile Ciorán

POESÍA DEL TIEMPO




La poesía me ha dado vuelta la cara. Bueno, en realidad, no sé quien ha dejado a quien. Es singular pero llamativo que dada mi naturaleza mutable, el poema que gesto día a día esté en las manos de otros. Días atrás en el excelente suplemento Babelia, he leído un reportaje a José Manuel Caballero Bonald y algunos de sus poemas. En pocas palabras este poeta ha recuperado algo de lo perdido. No es fácil hablar del paso del tiempo, parece un tema trillado, sin embargo, con una áspera brevedad logra conmover de esta manera: La edad me ha ido dejando / sin venenos, / malgasté en mala hora / esa fortuna. / ¿Qué más puedo perder? O esta otra: tristeza / de estar aquí acordándome de algo / que queda ya más lejos que el recuerdo.

Versos que duelen sin dejar la extrañeza de lo bello. Recuerden: José Manuel Caballero Bonald. El libro: La noche no tiene paredes.