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LLUVIA


Llueve y el mundo está detenido. Bienaventurado aquel que encuentra en la lluvia algo del laberinto involuntario del sentido. Esquirlas de agua golpean el vidrio de la ventana y luego se derraman a la calle. Esas múltiples consistencias llevan algo del dolor del mundo. Cuando nos miran, ven un modo de riesgo. Eso, apenas el resplandor de un relámpago que se pierde en las eficaces cáscaras de los días.