Lo
primero que me llamó la atención fueron los pastos secos, los postes de los
alambrados lisos y lustrosos, allí donde pasaban frecuentemente las manos rudas
de los hombres. La tierra reseca y algo
indefinible que flota en el aire, un raro encendimiento de sol y aire que me
adhirió a esa tierra, poderosamente ajena a mí, distante, que sigue en el
tiempo su propio destino. Entonces, me sentí frágil, vulnerable, mortal, como
nunca me he sentido. Mi cuerpo limitado,
atrapado en la densidad corporal, me ha dio la conciencia de la finitud.
