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VIOLENCIA Y LITERATURA

La violencia es un elemento constitutivo de la literatura argentina:


EL NO OFICIO

Escribir la danza del miedo.
Escribir el júbilo del desamparo
que se abandona en una porción de destrozo y fatalidad.
Escribir en todo no.
Escribir sobre el himen roto del espejo que retroalimenta los despojos de la banalidad.
Escribir porque no hay mundo sino lo reescribo y no lo creo sino lo leo.
Escribir la morfología de la violencia.
Escribir ante el terror en los signos minúsculos del infortunio biológico.
Escribir la desmesura de lo silenciado en la constelación de la duda.
Escribir el sentido de la alucinación que nos alfabetiza.
Escribir en la más absoluta nulidad de pensamiento, dibujando letras con un trocito de fémur arácnido en la arena despejada de la conciencia.
Escribir la hora nunca.
Escribir la contradicción y el comienzo de la catástrofe.
Escribir la frivolidad de lo eterno.
Escribir para ordenar la nada.
Escribir ríos subterráneos para ahogarnos.
Escribir la palabra en celo.
Escribir la impugnación de la alegría, sin ninguna intención teórica ni objeto razonable.
Escribir ilegítimamente.
Escribir, inquebrantable, en los átomos del cosmos que se pulverizan.

Jorge Córdoba

COMBINACIÓN LITERARIA


Antes nos juntábamos con los amigos y, cerveza de por medio, nos decíamos nuestras preferencias literarias (y de las otras) y luego nos sugeríamos qué leer. Pero ahora, TODO ESTÁ EN INTERNET.
Si ponemos un poco de Vilas Mata, le agregamos algo de Tabucchi y condimentamos con un toque de Pessoa, obtendremos: ¡Sterne!! ¿Ah, no creen? Entonces entren a este sitio y prueben poniendo el nombre de tres autores favoritos y obtendrán como sugerencia un cuarto escritor a leer de acuerdo a sus preferencias literarias. (Y no digan que no les avisé)

MI PROFESORA DE CASTELLANO



Hoy el espacio curricular no se llama Castellano. Las huestes actuales han convenido usar "Lengua y Literatura". Más allá de esto, creo que vale esta reflexión:
¿Cuál fue mi primer acercamiento a la literatura?
¿Dónde se produjo?
¿Qué instante sedujo lo imposible?
Recuerdo mi profesora de Castellano de la escuela secundaria. Recuerdo la pollera corta dejando a la vista unas piernas enfundadas en las medias finas. Recuerdo sus breves y rápidas aperturas de muslos al levantarse de la silla o al sentarse; el necesario arco fugaz que se formaba en su trasero al sentarse. Recuerdo que a veces se la veía triste y distante porque (según habíamos averiguado) estaba separada de su marido. La literatura comenzaba a estar emparentada con el deseo y la clandestinidad.
El intento de consumación del amor fue el siguiente: escribir un cuento. Yo había leído muy poco, pero abrumado por la belleza de aquellas piernas y por la sonrisa opaca de mi profesora, escribí La isla del tesoro. Jamás había leído esta historia pero sobre la base del título, imaginé la historia completa. Ese fin de semana escribí, febril y aplicado.
El resultado fue un diez. Un diez enamorado: el círculo redondo, voluptuoso del cero, sumiso al lado del uno, enhiesto y firme: 10. Hasta el diez se me proponía un juego a la imaginación. Un diez y la felicitación. No recuerdo la historia de La isla del tesoro que escribí, sí tengo imágenes de un náufrago arribando a una isla y debido al enorme sufrimiento, tras una larga odisea, encuentra un tesoro. Construía mi apasionado enamoramiento imposible. El náufrago era yo, sin duda, que llegaba hambriento y sediento a esa isla en busca algo preciado: un tesoro, su tesoro, el de ella. Por las noches soñaba que la consolaba del despojamiento de su amor. Allí estaba yo para amarla.
Amor imposible, mi profesora de Castellano; amor más probable, la literatura. Probable es que ella nunca sepa de esto. Pero el recuerdo permanece, potente en mí.
De allí, al paso de los años. La imagen de la profesora fue transformándose, ¿habrá una búsqueda inconciente del tesoro preciado en el apasionamiento por la lectura y la escitura que siguieron a partir de aquellos días?