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MEMORIAS - ARMANDO



Invierno de 1986. Después de dar un breve recital de nuestros poemas en el hall de entrada del Hotel Casablanca de Merlo, San Luis, se acercó a la mesa donde estábamos Luis Ressia, Patricio Torne y yo -quién recién pisaba los veinte años-, un hombre con una campera de cuero de descarne, barba y un prendedor de oro en el pañuelo que cerraba sobre su cuello y nos saludó. Luego se dirigió hacia mí, me abrazó y dijo: "Pibe, seguí así."
Armando Tejada Gómez (en la foto con otro grande, Hamlet Lima Quintana) ya era un poeta de amplia trayectoria y había recibido premios importantes con sus novelas, sobre todo en España, porque en Argentina estaba en la lista de autores prohibidos.
Sus palabras tuvieron un efecto devastador en mí.
Han pasado los años y pienso ¿cuánto puede cambiar la vida de un joven las palabras de una persona admirada y respetada? Armando lo sabía.
La vida es efímera y pocas veces tenemos conciencia de la importancia de algunos momentos. El tiempo anuda y restablece vínculos. Armando murió en 1992, pero las primeras palabras que tuvo para mí, fueron el inicio de camino definitivo: debo seguir así y queda muchísimo por aprender todavía.

LOS LIBROS Y LOS HOMBRES


Descubrí a Genet por un auspcioso comentario de un diario Clarín encontrado en la calle hace ya como veinticinco años. Yo era un disperso estudiante secundario desganado de una escuela técnica y ya pensaba ser escritor. El huérfano diario rodante de calles mostraba a un Genet enrostrado como maldito, pero a la vez aureolado como genio. Es decir: genio maldito. Eso me atrajo. Lo relacioné a Rimbaud y no estaba tan equivocado.
A Goytisolo me lo trajo un día un amigo, Miguel Otero. Leí con curiosidad la novela Señas de Identidad, en ese momento publicada por Seix Barral en libros color arena con letras doradas. Ahora la tengo en mi biblioteca. Está bien cuidada y puede ser excusa para un nuevo encuentro con mi amigo.

En la foto, Goytisolo, ese narrador monumental, junto a Genet en una entrevista realizada en Amsterdan en 1958. Dos prodigios del siglo XX. Dos puntos de partida para el lazo inexplicable de mi vida. Los libros, los autores, unen el destino de los hombres. O los separan para siempre.