FILOSOFÍA DE LA COMPOSICIÓN II

La filosofía de la composición, de Poe, parece una obstinada manera de justificar el proceso artístico.  Leerla me genera una sensación demasiado apremiante. ¿Será porque mis composiciones poéticas provienen de la síntesis del efecto acierto-error?  Todos los elementos que enumera Poe para la concreción de la obra de arte (en este caso del poema) aparecen durante la construcción de mis poemas, sólo que en un orden aleatorio.  Me pregunto: ¿qué habrá pensado Cortázar cuando traducía este texto del escritor norteamericano? ¿Habrá coincidido en algo con él?
La obra de arte tiene algo de azaroso, es un componente que muchas veces es desvalorizado, o al menos descartado. Las obras en prosa deben prever un poco más de planeamiento que la poesía. Si escribimos una narración al menos gira en nuestra cabeza una historia que determina los pasos a seguir.
Mi novela Nosotros elegimos morir nació de un relato de ocho páginas llamado, torpemente, Fucking Electra que desapareció progresivamente durante sucesivas sobrescrituras. La desgracia de escribir en la computadora radica en que los originales, esas breves enunciaciones de la obra previa, desaparecen. El relato original comenzaba contando la historia de un veterano guerrillero traidor que vivía en una sórdida pensión de París. Recibe una mañana la visita de una joven sordomuda, yace una noche con ella; al otro día ella le muestra una foto de cuando era niña. Él reacciona, no sin horror (el horror edípico) sabiendo que es su propia hija, pero inmediatamente ella saca un arma y le dice, ante la sorpresa de nuestro protagonista, “Viva el comandante Gonzalo” y le dispara.
Este texto original va metamorfoseándose durante años (aproximadamente unos ocho) hasta terminar en la novela antes mencionada. Tuvo un tiempo prolongado en el cual se llamó La novela de Gómez, trata acerca de una novela que ha escrito Walsh y con la cual uno de los personajes se ha quedado con la única copia salvada del exterminio militar del saqueo de la quinta de San Vicente. ¿Cómo apareció Walsh en la historia? De la historia del guerrillero traidor a meterme con la figura del escritor respetado y admirado por morir coherentemente por sus ideales, había un trecho corto. La escritura se fue desgajando en progresivos y continuos espacios de escritura, durante mucho tiempo eran casi independientes unos de otros hasta que unirlos fue determinando el sentido de la historia.  Por otra parte, en un determinado momento de la composición de la novela, escribí la propia historia de Gómez, la novela que el mismísimo Walsh supuestamente ha escrito. Y en algún momento la incluí en la novela principal, una novela dentro de la otra. La idea que me convocaba a tamaña empresa era la de relatar de manera paralela dos historias, la una ambientada en la campaña libertadora de San Martín al Perú (Gómez era un soldado de la travesía del General); la otra era la novela que servía de marco a todo esto: dos guerrilleros de Sendero Luminoso que trabajaban como espías y luchaban en el mismo terreno que alguna vez lo había hecho San Martín (tiempo después, en un accidente informático, perdí, entre tantos otros escritos, la historia del soldado sanmartiniano, pequeña prosa que siento mucho su extravío).  Por eso que la novela debió transcurrir en diversos espacios geográficos: Buenos Aires, La Habana, algunos lugares de Perú y por último termina en Londres, en la casa de la abuela de la guerrillera inglesa que había sido monja. La historia termina en un atardecer londinense con mucha nieve y música de Tool de fondo.  El frenesí y la melancolía es uno de los ingredientes de casi toda la obra.  Dado que siempre la escritura y la creatividad es uno de los elementos más preciados del oficio siempre considero que jamás escribiré otra novela de este calibre.
Es por ello que uno se pregunta cómo a veces la tensión narrativa se conjuga con el más profundo sentido estético y moral que tiene toda obra artística.

En cambio, con la escritura de los poemas siento el acontecimiento, el hallazgo casi fortuito que la palabra me produce, me lleva hacia las zonas del sentido. La poesía sigue teniendo esa cuota asombrosa de azar estético, pero buscado a través de la palabra, o en el mejor de los casos, de la combinación de las mismas. El sentido vendrá después del trabajo con las palabras, la extensión no me importa mucho, generalmente se compone de tres grandes momentos y el comienzo importa tanto como el remate final.
La escritura del libro Poesía Grave… me llevó más de once años. Once años de alejarme y acercarme al objeto poema, de elaborar amores y odios. Muchas veces tuve que recurrir al corte dramático de muchas partes o verme obligado a convencerme que algunos poemas definitivamente no servían y debía tirarlos. Desecharlos. La escritura también prevé el exterminio. La casa donde nacen las crías muchas veces queda muy chica y hay que dejar algunas afuera, en la intemperie.

A veces esa crías retornan crecidas y es bueno alimentarlas nuevamente  

CONCURSO LITERARIO NACIONAL E INTERNACIONAL 2013 DE RELATO Y POESÍA

CONCURSO CERRADO




“Palabras sin fronteras”
BASES:
  1. BRUMA EDICIONES (Mendoza, Argentina) convoca a todos los poetas y escritores de habla hispana de cualquier nacionalidad a participar del Concurso Literario Nacional e Internacional 2013 de Relato y Poesía “Palabras sin fronteras”. Los menores de 18 años, deberán hacerlo acompañado por una autorización escrita de un mayor responsable.
  2. Los trabajos deberán enviarse a brumaediciones76@gmail.com
  3. Los interesados enviarán por correo electrónico en un archivo en formato Word 1 a 3 poemas escritos en español y de temática libre para el género de poesía de nos más de 35 líneas cada uno; o 1 a 3 relatos de no más de 245 líneas, con letra Arial de 10 puntos en tamaño A 4.
  4. En el asunto del correo electrónico deberá colocarse lo siguiente: Nombre del concurso y nombre del participante, ejemplo: CONCURSO LITERARIO NACIONAL E INTERNACIONAL 2013 “Palabras sin fronteras”/ Juan Pérez.
  5. En el cuerpo del mensaje deberán incluir nombre, domicilio y número telefónico del participante.
  6. Premios: El primer premio consistirá en la edición de un libro personal del ganador de 64 páginas en cada género. Trofeo y diploma para el 2do y 3er premio. Además se otorgarán, si la calidad de los trabajos lo ameritan, 5 (cinco) menciones especiales.
  7. Se recibirán los trabajos hasta el 4 de Octubre del 2013.
8.    Está previsto realizar dos antologías cooperativas, una por género, con todos los autores preseleccionados.Los resultados serán comunicados a los escritores personalmente.
9.    Durante la entrega de las antologías que se harán el 7 de Diciembre del 2013 en la ciudad de Mendoza en lugar a definir oportunamente, se darán a conocer a los ganadores del libro particular de cada género.

Consultas:
Teléfono: 54-261-155152414

Rencor, mi viejo rencor...

"Rencor" de Andrés Loboguerrero. Mixta sobre tela 2011
Recuerdo haber leído alguna vez que cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, las mujeres francesas que habían sido amantes o novias de los alemanes (los vencidos) fueron obligadas a caminar por las calles de Francia para ser apedreadas por el pueblo. En el barrio, escrito con letras rojas y gigantes sobre el asfalto de una esquina hay un cartel que reza: "C... no seas tan forra, lo único que quiero es que me dejes a ver a nuestro hijo, por favor." No sabemos realmente qué ha sucedido en ese universo desconocido que ha forjado aquella pareja, pero lo que sí queda claro es el efecto: el grafitero herido de amor no lamenta tanto no ver a su hijo, sino más bien poner al desnudo quién es la tal C....  Exponerla ante la sociedad, que el resto sepa quién es, para que sea "apedreada" por la comunidad, que esas palabras rojas que surgen del cemento la señalen ante todos. Si uno sigue caminando más adelante, encontrará lo que faltaba: en la pared de la casa donde habita la mujer hay otra violenta inscripción indicando su nombre: que no queden dudas, aquí vive ella, parece decir el desesperado.  No solamente poner al descubierto quién es la infortunada, sino también lograr que todos la odien.
El amor es un viaje de ida, nadie vuelve de él: en el mismo camino se mezcla lo sublime o el despojo del naufragio.

VIOLENCIA Y LITERATURA

La violencia es un elemento constitutivo de la literatura argentina:


EL NO OFICIO

Escribir la danza del miedo.
Escribir el júbilo del desamparo
que se abandona en una porción de destrozo y fatalidad.
Escribir en todo no.
Escribir sobre el himen roto del espejo que retroalimenta los despojos de la banalidad.
Escribir porque no hay mundo sino lo reescribo y no lo creo sino lo leo.
Escribir la morfología de la violencia.
Escribir ante el terror en los signos minúsculos del infortunio biológico.
Escribir la desmesura de lo silenciado en la constelación de la duda.
Escribir el sentido de la alucinación que nos alfabetiza.
Escribir en la más absoluta nulidad de pensamiento, dibujando letras con un trocito de fémur arácnido en la arena despejada de la conciencia.
Escribir la hora nunca.
Escribir la contradicción y el comienzo de la catástrofe.
Escribir la frivolidad de lo eterno.
Escribir para ordenar la nada.
Escribir ríos subterráneos para ahogarnos.
Escribir la palabra en celo.
Escribir la impugnación de la alegría, sin ninguna intención teórica ni objeto razonable.
Escribir ilegítimamente.
Escribir, inquebrantable, en los átomos del cosmos que se pulverizan.

Jorge Córdoba

KAFKA

Kafka


Encontré a Kafka
Estaba en una habitación oscura

Me dijo algo sobre el Holocausto
O al menos creyó decirlo
Sus manos
Nudosas
Se movían
En una urgencia vacía
Entonces hablé
Dije algo sobre Felice
Creo
Por esa manía de creer en los afectos
Que tenemos todos
No respondió
Por un momento supuse
Que nuestro diálogo
Podría exceder la imposibilidad
Observé su maleta de cuero desgastado
Y recordé al viajante Samsa
Y en las razones de su demora
Franz tenía el saco puesto
Una corbata anguila
Pero
Debajo
Asomaban unas piernas desnudas
Delgadísimas
Que acusaban vergüenza
Se puso de pie
Pensé que caería al piso como una brisa
Me miró
Y una raya horizontal
Se dividió debajo de su nariz
Me dijo en la lengua del amo
“Sé como morirás”
Y sus palabras sonaron
Como si aquella vergüenza
Repitiera un dolor musical
Donde el hombre
Come
El despojo del hombre

LUCRECIO: De Rerum Natura


Ni por más que alarguemos nuestra vida
algún tiempo robamos a la muerte;
sus víctimas seremos sin remedio;
si la revolución de muchos siglos
fuese posible ver, eterna muerte
no por eso dejara de aguardarnos;
y aquel que acaba de cubrir la tierra
no estará muerto ya por menos tiempo
que el otro que murió mil años antes.

LUCRECIO (98-55 AC) DE RERUM NATURA

Antigua ciudad de Petra

Teoría sobre el desaparecer

Lo primero que me llamó la atención fueron los pastos secos, los postes de los alambrados lisos y lustrosos, allí donde pasaban frecuentemente las manos rudas de los hombres.  La tierra reseca y algo indefinible que flota en el aire, un raro encendimiento de sol y aire que me adhirió a esa tierra, poderosamente ajena a mí, distante, que sigue en el tiempo su propio destino. Entonces, me sentí frágil, vulnerable, mortal, como nunca me he sentido.  Mi cuerpo limitado, atrapado en la densidad corporal, me ha dio la conciencia de la finitud.

ALPINO Y LA CAPACIDAD DE ENGAÑARSE



Pensar que su vida había sido un regalo del cielo, era lo que más le satisfacía. Eso lo decía constantemente. A los embates oscuros y tropiezos normales que tiene cualquier hombre corriente en este empedrado camino de la existencia, los había maquillado de tal manera que se disimulaban ante los ojos del prójimo, es decir, sus colegas atribulados de problemas que acompañaban sus jornadas laborales. En rigor de verdad, no es que a los demás, es decir, esa masa indescriptible llamada prójimo, le sucedieran más cosas fatales que al protagonista de este relato. No, para nada, sólo que nuestro héroe se contentaba con demostrar que a él siempre le iba mejor y caía parado como un gato lo hacía desde el  séptimo piso. ¿A qué se debía esa curiosa manía de decir que era un hombre de suerte? Hasta ahora nunca he encontrado respuesta a este interrogante.
Courbet
Paralelamente a esa vida casi paupérrima que llevaba, a nuestro amigo le gustaban las películas de héroes. A ver, entendámonos bien: no hacemos referencia a la figura del héroe de la tragedia griega que da la vida por una causa tan vasta que excede su pobre condición humana, sino a las películas de héroes de Hollywood, ese inhóspito  lugar de ideas creativas y profundas que ha pintado a la humanidad en la enorme división de buenos y malos, sin dejar abierta la fisura alquímica de los grises.
En resumidas cuentas, Alpino habían llamado sus padres a ese bebé regordete que había nacido un martes trece de hace casi cuatro décadas atrás. Ustedes, lúcidos lectores, dirán: ¡qué previsible! ¡Era lógico y probable que hubiese nacido un martes trece y como respuesta defensiva ante la mala suerte, pregonara a diestra y siniestra, su calidad de suertudo! Pues debo confesar que a este pobre testigo no ha elegido la fecha de nacimiento ni las paganas y pueriles connotaciones que la humanidad le ha atribuido al desgraciado número y su correspondencia con el día de la semana en cuestión. Las cosas son así y es mi deber, o al menos mi deseo, seguir narrando la historia de Alpino.
Lo más contradictorio era que su suerte distaba mucho del aspecto económico. Su fortuna estaba en la capacidad amatoria de Alpino y en dejar los corazones destrozados de las desdichadas féminas. Hecho, a ciencia cierta erróneo, porque las mujeres que él habíase jactado de amar, llámense, según el improbable estado civil que nuestra sociedad reclama para sus ciudadanos, solteras, casadas, viudas y/o separadas recientes, le habían prometido amor con tan poco desparpajo que cualquier persona que entienda que las mujeres de siglo veintiuno distan mucho de aquellas de la Edad Media que nuestro Alpino había leído en el Decamerón de Bocaccio. 
¿Razones? Como testigo invaluable de estos hechos, debo decir que era la falta de amor, o de reconocimiento, sino ¿qué otra razón puede llevar a un hombre a acostarse con numerosas mujeres sino el desierto amatorio? La falta de seguridad en sí mismo. ¿Eh? ¿No les parece? Eso le dije yo cuando una vez me acosté con él absorbida por la curiosidad. Porque yo puedo ser ama de casa, pero también soy profesora de yoga y leo y me instruyo. Pero no quiero salirme del tema en cuestión, es decir, del papel de narradora que me ha tocado ahora. Mientras se calienta la leche de los chicos y antes que éstos pobres angelitos de Dios se levanten, les voy a narrar lo que me enteré y lo que pude saber por propia boca de Alpino.
Alpino vivía solo, condición básica para el despliegue de sus aventuras. Alguna vez había estado enamorado de verdad. A ver, dejemos en claro que el ser humano ama una vez, como dice la afamada canción. Sin embargo, en los ojos de Alpino, había condescendencia, cuando no, vulnerabilidad ante la caricia femenina. Porque cuando él amaba a una mujer, parecía que realmente la amaba, ¿se entiende? Sepan disculpar que sólo soy profesora de yoga y no soy Agatha Christie ni nada de eso. En otras palabras, pero que al fin y al cabo dicen lo mismo: Alpino no engañaba a sus eventuales víctimas. Con el tiempo me di cuenta que eran ellas las que lo engañaban a él, y me incluyo en la triste lista. Era un especie de samaritano sexual, por decirlo de alguna manera, entonces cuando ellas se satisfacían de un hombre que le dijera cosas bellas o cochinas aunque sea una noche, luego prescindían de él como un par de zapatos viejos, o menos que eso, porque a veces un par de zapatos nos puede gustar tanto que cuando lo dejamos de usar, da no sé qué tirarlos. En todo caso, puedo aventurar que Alpino valía menos que un cancán, de aquellos que se corren el hilo cuando lo usaste una vez nomás.
En definitiva, lograr que Alpino se me acercara no fue difícil. Pero ya estoy contando cosas privadísimas de mí y no era ésa la idea.
Cada vez que Alpino aparecía por mi clase de yoga, se tornaba difícil la concentración.  Todos piensan que el yoga es sólo para un grupo de mujeres con mucho dinero y pocas cosas que hacer, lo cual en cierta manera, es cierto. Sin embargo, muchas veces nos encontramos meditando más allá de los meros ejercicios de respiración, actividad que nos traía beneficios tales como pensar en el sentido de nuestras vidas. Este hecho de profundas raíces filosóficas, tiene una sola finalidad: el amor. Porque por alguna oscura razón, al sentido de la vida lo encontramos si eso va acompañado con el amor, es decir, con sentirse amada y todas esas convenciones sociales que apañan nuestros días. Entonces, como les decía, luego de los ejercicios respiratorios, que nos dejaban a todas flotando en las certezas de lo incierto, frase por demás asertiva de la condición humana, nos agarraba una melancolía de aquellas; de aquella melancolía tipo Schopenhauer. Y allí estábamos, réplicas impertérritas de la estatuita de Rodin, con las manos en los mentones algunas, tiradas panza arriba otras; pero todas mirando sin ver, absortas en el infinito inconmensurable de nosotras mismas, ese infinito que tiene un solo nombre: saber quiénes somos. Allí se me ocurrió, dado que en esas humildes mujeres trabajadoras del pensamiento había combustible  para que prenda la llama del pensamiento,  hacer la lectura de pensadores filosóficos. Y todo por el mismo precio, porque no podemos olvidar el aspecto económico. Luego de profundas cavilaciones, esta vez yo sola, llegué a la conclusión como un hallazgo: Alpino podría venir a hablarnos de filosofía. Porque olvidé decir, digresiones obvias de una narradora principiante, que Alpino era profesor de filosofía del secundario.
Alpino llegó una mañana con un manual de filosofía del secundario. Nos miró a todas una por una y esbozó una sonrisa, diría casi carnal. Todas sabíamos quién era él, y como andábamos en la búsqueda del sentido de la vida y todo eso estaba inevitablemente relacionado con el amor, él era el sujeto indicado.

Alpino Segundo era el hijo menor de los cuatro hijos de un matrimonio de esforzados militantes de los años ’70. Sí, de aquellos años cuando el mundo era una certeza: el mundo estaba dividido en dos: los buenos, los malos. Una pequeña porción del mundo restante estaba ocupada por los indecisos, a los cuales también se los llamaba “tibios”. En otras palabras, a Alpino lo criaron entre sermones políticos frente al televisor y la hostilidad de todos los parientes.  Si nos preserváramos una opinión, podríamos decir que Alpino necesitaba siempre que lo quisieran, que lo estimaran, que lo confirmaran como un sujeto deseable. 

(Continuará)

Cómo perder toda tu vida en segundos


Hace unos días, por un virus desconocido o impericia del técnico al cual llevé mi pc para reparar, toda la información que tenía acumulada durante más de una década se volatilizó en segundos. Esto no sería tan terrible sino fuera porque esa información incluía libros de relatos, de cuentos, de poemas, etc.  Además de fotos, música, cine y todo lo que una pc puede albergar en esa panza microscópica que no se llena nunca.  El muchacho me miraba indolente ante mi cara de estupefacción y no podía trasmitirle la gravedad de la situación porque estaba más preocupado por si me ponía la última versión del Windows y no sé otros programas fascinantes. 
Volví a casa aterrado e impotente.  Recordaba todos mis archivos, mis escritos de gran cantidad de horas de trabajo y no podía entender la magnitud del daño.  Al cabo de horas, (mi capacidad de recuperación ante lo trágico es asombrosa a veces) decidí que debía empezar de nuevo, de cero.  No quedaba alternativa. Obvio que no requirió demasiado tiempo tomar esa decisión. 
Empecé por el rescate de la música, ya que sin ella mi vida sería más desoladora de lo que ya lo es.  La campaña consistió en ir a la casa de mis hijos y rescatar toda la música posible.  En algo he paliado esa carencia.  
Lo que se ha llevado el viento informático viral, no se recuperará, pero debo reconocer que hubiera sido más épico, más histórico, ver las llamas ardiendo sobre mis escritos por mi propia decisión. 

LANZAMIENTO NOVELA SOMBRA DE MEDIODÍA

Alejandro es profesor de Lengua de escuela en Talita, un pueblo pequeño, que vive y sobrevive gracias a su casi única fuente de trabajo, la planta de producción de celulosa Starmakes. Aquí la vida transcurre aparentemente tranquila y sin sobresaltos. Sin embargo, tras las apariencias, se entreteje una serie de enredos interesantes.

Alejandro se siente atraído por una alumna menor de edad. La jovencita corresponde a este amor que surge lentamente de un juego de seducción mutuo hasta convertirse en amantes, escandalizando la moral del pueblo.
En tanto, un oficinista de Starmakes decide abandonar su rutina estafando a la empresa. El Gerente Contable de la empresa descubre el engaño y, en lugar de delatarlo, decide manipularlo. El punto donde ambas historias convergen desencadena una serie encuentros, desencuentros, muertes y olvidos que nos obligará a terminar la historia hasta el final.


AMAR LO DESCONOCIDO


Hoy, una alumna se acercó y me dijo, yo sé cómo es usted. Semejante hipérbole es incapaz de sostenerse en la mañana de un lunes a primera hora. Supongo que la miré con el rostro desencajado, quizá aún no había sacado el material de trabajo de mi mochila y me quedé observando la carita presa de una autoestima demasiado inaccesible para cualquier hombre que haya traspasado confiadamente la mitad de su vida. Ah, sí, pregunté. Ella metió el capuchón de la Bic en la boca y respondió con firmeza: Sí, porque usted es como es, transparente. Debo confesar que respiré aliviado. Ahá, dije, y cómo ha llegado usted a esa conclusión, volví a inquirir. El capuchón azul salió de su boca, lo metió diestramente en la Bic que lo esperaba allí, entre sus manos y dijo: Porque cuando nos lee un poema o un relato se emociona y siente lo que lee.
Me dejó sin palabras. Cualquier admonición académica a esa altura era estéril, no agregaba nada a sus palabras.
Fugazmente, pensé en cuánto le quedaba por vivir, por sentir, por descubrir en esta vida a la que hemos sido arrojados. Pensé que seguramente ella me trascendería, amaría, tendría hijos y envejecería como cualquier mortal. Pensé en esa potencia inescrutable que es la literatura que nos unía inexorablemente en un lugar espacio tiempo del mundo al menos por unas horas, nos hería de finitud y desnudaba nuestra contingencia.
Quién necesita amar lo inescrutable para vivir cada día. Oficio penumbroso y diáfano a la vez.
Está bien, dije, siéntese ahora.
Y se sentó. Volví a mirar el tema del día que debía dar en mis anotaciones; tomé aire y resolví, como siempre, como desde hace años que lo hago, aunque el oficio se confunda con el amor y el desdén de las planificaciones escolares, tomar un libro y empezar a leer: “Pienso que en este momento / nadie piensa en mí,…”. Ellos me oían; algunos con sus mandíbulas apoyadas sobre sus manos; otros recostados sobre sus asientos; otros, mirando distraídamente hacia la ventana, a través de la cual se veían los árboles humedecidos por la garúa gris.
Agradecí mi oficio, agradecí la palabra, agradecí tener voz para darle vida.
Era sólo un día más. Irrepetible como un día más que pasa y no vuelve: fugaz como la vida misma y, a la vez, tan eterno "como el agua y el aire.”

NADA ES DEFINITIVO

Preparó el desayuno esa mañana, y cada movimiento de ella me hacía recordar el condenado poema de Prévert. Dijo que necesitaba aire, saber qué le pasaba, que era sólo una “oportuncrisis”. Nada de eso lo creí: sabía que jamás volvería a pisar el umbral de mi departamento. Sus manos avanzaron hasta el roce. Esa mañana su rostro era de más niña que nunca: me concedí un acto indulgente de piedad, intenté retenerla, mostrarle qué tanto desnudos estábamos los dos ante el dolor del mundo; que ha nadie le importaba lo que nos pasaba.  Era invierno: ella echó su abrigo sobre sus hombros y se fue.
Así de sencillo.
En los días que vinieron no paró de llover en mi corazón cansado. Sí, comprendí todo aquello de que cada uno busca la felicidad a toda costa a través de la presencia del otro.
Sin embargo, nos fuimos lentamente desintegrando en la erosión de las horas y de los roces ajenos. Hoy, ya no me duele. Es como un relampagueo de una huella no transitada, virgen, que el viento de los días va cubriendo y el pasado se hace cada vez más pesado mientras pasan los años A veces, resuena la frase jamás dicha, lo que pudo haber sido, lo que dejó de ser; eso de añorar el amor que no fue es como hablar con la muerte en el café de la esquina.
Pero la vida juega a la ruleta con nosotros.
Entonces, un día, un encuentro, un llamado por teléfono, otra voz, alguien que piensa en nosotros nuevamente y los días corren veloces sobre la tierra y nos restaura algo del elemento perdido. Otra vez la leve modelización del amor sobre otra piel, otra vez el temor de sabernos desnudos, indefensos ante el borrador que se escribe de nuevo. Otra vez la ceguera ante la puerta que se abre, el éxtasis y el abismo. Vivir: ejercicio de nadar en la red tejida de los sueños.
La vida todo te enseña, sólo si lo has vivido.

LISTA DE OLVIDOS


Encontrarla.
Ver en lo peladito del día su carita colgada de la distancia.
Tan linda.
Sonriente como una publicidad de dentífrico,
Tal cual era, tal cual será en mi recuerdo.
Tan única como partida de ajedrez de kasparov, caballo come a alfil
Flaquita el alfil, linda.
Y canturrea como siempre lo hizo
Con un medido desdén
Para no provocar dolor, che.
Y le miro las manitos (¿o manitas?)
Esas puntitas del placer negado.
Y las mueve y los deditos no paran de unirse
Y frotarse entre sí como abejitas
(¿las abejitas se frotan?)
Y no me hablará.
Con delicadeza le sacaré de la carita
El Lagrimal Trifulca Nº8
Correte, Cesaire, Lamborghini.
Y no habrá nada.
Porque debe ser así.
Con nada contentarse uno y besar el aire
Que ella respira y la luz de la palabra que no fue,
Como dolorcito de panza, con retortijones o retorcijones.
Y afuera sonarán las máquinas de solcitos de inviernos.
Blancos los días sin vos.
Como lápida de amor, viento y ceniza de asado
Del comido domingo.

ANTICONSEJOS


Ella se fue. Eso es todo. Quedó el aire boqueando en los rincones de estas paredes. Vacía la parte de su guardarropas, donde a la noche aparecen fantasmas que caminan hasta el baño y oigo su pis deslizarse hasta las profundidades subterráneas de este globo que nos contenía. Nada más. El resto de la humanidad es sólo una caravana sin rostro que avanza sin sentido.
La noche es el problema. El silencio, la ausencia de su cuerpo a mi lado. Y yo me dije: mejor, estaré sólo y viviré con mis tiempos propios, comiendo las comidas que me gustan. Nada de eso es cierto. Mi corazón la pide a gritos porque el imbécil no entiende que ya no lo aman más. Lo podés entender de una buena vez, le grito a mi corazón cansado, pero no entiende, se limita a buscarla cuando vamos por las calles atestadas de mujeres, todas distintas, todas lejanas, feas, sin gracia. Y nunca la encontraremos. El celular ya no se ilumina y salta como cuando entraba un mensajito de ella, aunque sea con esas dos palabras, profundas, pero que ahora suenan despiadadas en el recuerdo: “Te amo”. Nadie está preparado para el fin de amor. 
Ahora volví a fumar, rabioso y a comer inconcientemente todo el día. Todo lo devoro, comidas, Facebook, algunas páginas pornos buscando algún cuerpo parecido. Pero es imposible.
Abro los libros y están sus rastros, sus pequeños comentarios en lápiz en los márgenes dirigidos a mí, en esa relación dialéctica con la literatura que nos unió siempre. Ahora los libros son casi enemigos. Ella está allí.
Ella no está más. Como si hubiera muerto, como si un enorme astro gigante la hubiera devorado hacia el infinito. La vi irse, con su saquito rojo, en una mañana de domingo. Me di vuelta y no me volví a mirarla. No quería ese espectáculo de la partida. No había nadie en las calles y la ciudad bostezaba aún saliendo del sábado.
De pronto se acercan personas que me dicen que me quieren. Pero quien me interesa no me ama.
No tengo nada que la traiga de vuelta, algún objeto olvidado, un pretexto para llenar el vacío de las horas. Para llamarla y decirle te olvidaste el toallón que te gustaba, tendrás que venir. Entonces limpiaré el baño con lavandina como a ella le gustaba, los pisos brillarán y haré la cama, por si alguna flaqueza de la carne nos vence.
Pero ella no volverá. Entonces es inevitable contar los años que vendrán sin sus caricias, sin el olor de su piel, de su cabello, sin su voz. En los sueños pasa lejos también, con otro hombre, siempre con un estúpido que no sabrá amarla como yo lo hice: conociendo cada pliegue de su cuerpo, mirando cómo se ponían húmedos sus ojos antes del orgasmo.
El amor duele.
Duele como un cuchillo atravesando la carne en una mañana de invierno.

19 de Setiembre 2011- 19:42 hs